Aunque aparentemente pueda parecer una contradicción, es el modelo que va a perdurar en nuestro el tejido empresarial. Pequeñas empresas ágiles, cooperantes y digitalizadas que operan en los mercados cada vez más internacionales (no solo en ventas) si no desde sus distintas áreas funcionales (búsqueda de financiación, innovación, recursos humanos, etc…).

Son modelos que mantienen las ventajas de la flexibilidad de una PYME dentro de un entorno cambiante pero no por ello tiene que renuncia a las ventajas que aporta el explotar las oportunidades de la internacionalización dentro de ese entorno cada vez más globalizado y acelerado por el uso intensivo de las tecnologías de la información.

Hoy hay empresas con 30-80 empleados que a su vez tienen estructuras propias o conjuntas en otros países tan distintos como EE.UU., países del Europa Central o Asia que se mueven ágilmente en un mercado internacional con organizaciones ligeras en colaboración y cooperación con otras haciendo un uso intensivo de las tecnologías de la información que les permite aprovechar todas las oportunidades que ofrece el mercado global y realmente envidiados por su velocidad de reacción por las grandes estructuras multinacionales.
Pero este no es un modelo fácil e intuitivo. El proceso de internacionalización de una empresa es un proceso de aprendizaje gradual, deberá contar con el apoyo decidido de la dirección y con el desarrollo de un Plan Estratégico de Actuación para dotar a la empresa de la “visión internacional” a medio y largo plazo y le permita gestionar la complejidad con estrategias multimercado.

La internacionalización ofrece ventajas muy diversas que abarcan prácticamente todas las actividades de la empresa. Quizás, como en la mayoría de los casos, los principales problemas son culturales y de relevo generacional en la dirección, hace falta una nueva actitud y enfoque para dar el salto que permita a nuestras empresas aprovechar las verdaderas ventajas de la internacionalización en todas las áreas de la empresa como manera de competir en los mercados actuales y ganar eficiencia en base a las ventajas competitivas que pueden ofrecer distintos países.

Del proceso continuo de aprendizaje, la empresa puede aprender de los mercados, de los proveedores, de los distintos entornos culturales y puede establecer estrategias y ponerlas en práctica haciendo cada vez más uso de las tecnologías y el crecimiento de los mercados digitales.

Cuando una Pyme da el salto a la internacionalización adquiere unos rasgos culturales y una visión del mercado e innovación que independientemente de su mayor o menor éxito, siempre marca la evolución positiva en la organización. Y este proceso que en sí ya supone una mejora competitiva en la empresa y una inflexión en el desarrollo estratégico de la dirección. Conviértase en una Pyme Multinacional.

Tomás Guillén.
Director general Grupo Ifedes.